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Sunday, June 13, 2021
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This story was translated by Sofia Echeverry

Patricia Molinaro le hechó un vistazo a una jirafa pintada en la pared de la zona de visitas de Lowell Correctional Institution en Ocala. Esto ocurrió un sábado  por la mañana mientras preparaba que decirle a su hija menor. Cuando la vió, las únicas palabras que se le ocurrió fueron “te quiero”.

Molinaro, quien tiene 63 años y vive en Salt Springs, no pudo oír muy bien a su hija, pero la saludo con un abrazo ´de aire´ y una sonrisa que le había hecho falta durante seis meses. A Molinaro no le gusta el Plexiglás que las separaba, pero estuvo feliz de poder ver la cara de su hija desde lejos por unas horas. 

El departamento de prisiones de Florida, o FDC por su sigla en inglés, suspendió las visitas en todas las instituciones correccionales del estado el 11 de marzo, después de que el gobernador Ron DeSantis declaró un estado de emergencia cuando empezó la pandemia de COVID-19. Las visitas reanudaron el 2 de octubre, después de un cierre de seis meses, a pesar de que las prisiones han demostrado ser zonas de alto riesgo para contraer el virus. 

El contacto físico está prohibido durante las visitas  — abrazarse, besarse, tomarse de la mano o incluso sentarse al lado de un ser querido sin un separador. 

Las visitas sin cita también están prohibidas. El FDC sugiere programar una cita usando su formulario de solicitud de visita en línea. Cuando dentro del salón de visita, los presos se sientan al frente de sus visitantes, distanciados por un separador de plástico. 

Desde el 27 de octubre, los visitantes pueden llevar un familiar no inmediato o un amigo a una visita de tres horas durante el fin de semana, según una publicación en la página de Facebook de FDC. Aunque no hay un límite de edad máxima, no se permiten a jóvenes menores de 12 años por temor a que infrinjan las reglas del distanciamiento social. 

Al entrar, los visitantes deben lavarse las manos o usar desinfectante de manos, llevar mascarillas faciales puestas y pasar un chequeo de salud que incluye un chequeo de temperatura, según las reglas del FDC. Solo los presos que no tienen riesgos de salud califican para las visitas.

En Lowell, ubicado a 30 millas al sur de Gainesville, donde la hija de Molinaro está cumpliendo su sentencia, han habido dos muertes debidas a COVID-19, según los datos del departamento de la salud de Florida. 

Desde el lunes, Lowell ha tenido registrado 1,005 exámenes positivos de los presos y 74 exámenes positivos del personal, según los datos de FDC. Columbia Correctional Institution, que tenía 1,369 pruebas positivas y Lowell son las únicas prisiones de Florida con más de 1,000 pruebas positivas. Otras prisiones, como Putnam y Lawtey, no han tenido pruebas positivas.

Las restricciones de visita son razonables como precauciones de COVID-19, dijo Bob Dekle, un profesor de derecho en UF. En su opinión, FDC está haciendo lo mejor que pueda para mantener la seguridad, proteger a los prisioneros y permitir las visitas. 

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“No poder agarrarse de la mano no es algo lo suficientemente importante para estar infeliz”, dijo Dekle. “ ¿Por qué no es razonable para una prisión si es razonable para una residencia de ancianos o un hospital?”

Estas restricciones son indispensables para asegurar la seguridad de los presos, los guardias y los visitantes, explicó Dekle. Si los visitantes tuvieran que llevar puestos algo extremo como trajes de HazMat e ir entre la media noche y la 1 de la mañana, entonces dijo que se opondría a las restricciones. 

Para Dekle, las visitas son importantes para que los presos se mantegan conectados al mundo exterior.

Molinaro ha visitado a su hija en Lowell dos veces desde que abrieron las prisiones en octubre. Ella dijo que fue de las primeras en entrar al salón de visita el 3 de octubre y visitó de nuevo el 24 de octubre.

Ahora, Molinaro se levanta los lunes a las 5 a.m. para asegurar una cita los domingos por la mañana para ver a su hija en Lowell; aunque no puede llevar a su nieta, quien tiene menos de 12 años, dijo que su esposo irá la próxima vez para ver a su hijastra. 

“Solo poder vernos significa mucho”, dijo Molinaro. 

FDC rechazó comentar sobre las restricciones de las visitas después de varias llamadas y correos electrónicos. 

Las visitas pueden ser emocionalmente difíciles para los presos y sus visitantes, explicó Philip Daniels, un consejero de salud mental en el centro de consejería y bienestar de UF. Las personas tendrán sus propias opiniones sobre las restricciones, pero la seguridad sigue siendo una preocupación.

“El aislamiento es difícil, pero fue una decisión difícil hecha para la seguridad”, dijo Daniels. 

Los factores ambientales, como falta de contacto físico, pueden agravar las enfermedades mentales, especialmente si los presos ya están sufriendo de ansiedad, síntomas psicóticos, depresión o pensamientos suicidas, explicó. Daniels agregó que no hay investigaciones sobre los presos para determinar si las restricciones de las visitas pueden causar una enfermedad mental directamente. 

Aunque el FDC está restringiendo las visitas por seguridad, las decisiones sobre las prisiones de Florida nunca se hacen teniendo en cuenta el bienestar de los presos, comentó Kevin Scott, un organizador que es parte de Florida Prisoner Solidarity y quien cumplió cuatro años de prisión. 

“Estoy seguro que van a recalar cosas científicas”, dijo Scott. “Sospecho de todo lo que hacen, entonces asumo que van a usar el virus a su propia ventaja porque es lo único que me han demostrado”.

Para Scott, las visitas son un descanso de la deshumanización constante que sienten los presos mientras están encarcelados. Él dijo que la primera vez que fue abrazado después de seis meses fue indescriptible.

“Las visitas que tuve cuando estaba encarcelado fueron absolutamente cruciales”, explicó. “Para mi estado psicológico, mis emociones, todo”.

Scott dijo que ni siquiera podía imaginarse que tan difícil deben ser las visitas para los encarcelados durante la pandemia. La experiencia puede ser tormentosa a pesar de que los presos puedan ver a sus seres queridos.

“M-----, no se pueden abrazar?” preguntó. “Eso es difícil”.

Mientras que las prisiones estatales recientemente empezaron de nuevo las visitas, la cárcel del condado de Alachua reabrió el 18 de mayo.

Las visitas se cerraron el 13 de marzo, pero a los presos se les permitió dos llamadas gratis cada día durante los 30 días siguientes, reportó el supervisor administrativo Chris Whatley. 

El horario de visitas no ha cambiado, dijo Whatley. Todas las visitas deben ser programadas con un día de anticipación a través de la página web de programaciones o quioscos en el vestíbulo de la cárcel. A los presos que no están en confinamiento disciplinario se les permite dos horas de visita cada semana sin contacto. 

Las visitas son muy similares a como eran antes del COVID-19, comentó Whatley, pero hay algunas restricciones. 

Solo tres personas pueden entrar al vestíbulo a la vez, explicó. Los visitantes deben esperar afuera hasta que sean llamados. Además, se exigen mascarillas faciales. 

Al igual que antes de la pandemia, los presos están separados de los visitantes por un vidrio, dijo Whatley. Ellos usan teléfonos para hablar cuando están cara a cara. 

Algunas visitas se pueden hacer por el sistema de video digital Renovo Software, que se compró en el 2014. Las videollamadas también deben ser programadas con un día de anticipación. Los visitantes virtuales pueden pagar 4 dólares por una videollamada de 10 minutos o 10 dólares por una videollamada de 25 minutos. 

Whatley dijo que no ha oído ningún comentario negativo sobre los cambios a las visitas.

“Muchos lugares no lo tenían hasta el 2 de octubre, lo que demuestra que el condado de Alachua lo ha vuelto una prioridad”, comentó. “Los presos necesitan las visitas”.

Como la madre de alguien preso, Molinaro está de acuerdo con que las visitas son importantes. La reapertura de las visitas en las prisiones es una situación en donde todos ganan. El cierre de las visitas fue duro para todos, dijo Molinaro; y agregó que los presos son olvidados y que es importante recordar que ellos también son humanos . 

“Porque ahí estaba, y la sonrisa en su rostro fue increíble”, dijo Molinaro. “ Fue precioso. Fue maravilloso”.

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Asta Hemenway

Asta Hemenway is a third-year senior majoring in Journalism. Born in Tallahassee, she grew up Senegalese American. When she’s not writing or doing school, she loves watching Netflix and Tiktok in her spare time. 


Sofia Echeverry

Sofia is a news assistant on The Alligator's university desk. This is her second semester at paper, where she previously worked as a translator for El Caimán. 


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